
Si algo he aprendido es que la vida no se mide con algún sistema métrico, sino más bien con nuestras propias decisiones.
Mientras más o menos decisiones tomemos, más larga o más corta será nuestra vida. Si un día tiene 24 horas, una hora 60 minutos y así un minuto tiene 60 segundos, tenemos un día con 86400 segundos. Qué quiero decir con esto, que durante el día tenemos más de 80000 oportunidades de tomar una buena o una mala decisión, que nos llevarán hacia un camino que elegimos directa o indirectamente, cabe recalcar que muchas veces parte de las decisiones de otra persona nos afectan de forma directa o indirecta, ya sea en un aspecto emocional, laboral, económico, etc.
Cada día desde el momento en que nos levantamos, estamos presionados por tomar una decisión; de qué lado me bajo de la cama, qué me pongo hoy, qué estudio, con quien me caso, etc.
Si reflexionamos acerca de lo que ha sido nuestra vida, lo más probable es que encontremos algún momento en donde nuestra decisión no ha sido la correcta, vista de este nuevo ángulo.
Pero si hablo de decisiones no puedo dejar de mencionar la que es tal vez la decisión más difícil a la que alguien se pueda someter, y es la decisión de cambiar tu vida, de tener una razón para vivir, para mi fue la decisión más difícil y de la cual NUNCA me he arrepentido y es la de dejar entrar a Jesús en mi corazón, porque por más fácil que te pueda sonar eso, te das cuenta de que es lo más difícil que puedes hacer y para lo cual necesitas más valentía que nunca. Si piensas que tu vida marcha mal, que no encuentras el motivo de por qué hay tanto dolor en tu vida o hay tantas cosas negativas ponte a pensar en si has tomado la decisión de seguir a Cristo.
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